Love.

22.10.12 § 0

A veces Barcelona se cansa de exhibir ingentes cantidades de encanto para extranjeros, y se pone a llover, aunque sólo lo hace en Abril o en Octubre, y entonces huele a podrido. Huele a todas las historias viejas, usadas y prestadas que haya visto. Huele a mediocridad, a rancio y a triste. Barcelona se pone negra y a mi me encanta, aún más. Pararme entre Balmes y Provença, y oler al Castell de Montjuïc erigiéndose plateado entre la lluvia, a lo lejos, cubriéndonos de su propio manto de miedo. Todo en esta ciudad está sucio, usado, remendado, la pureza hizo las maletas hace un par de años. Pero belleza... de eso sí que hay. Hay saxofonistas invisibles tras la Catedral de Mar, hay olor a mar en Poblenou, hay cerveza a raudales en Gràcia y niñas demasiado jóvenes para ser tan putas, y una princesa durmiendo en el suelo del Born. Y bares que aparecen, te envuelven de luces irreales y desaparecen en un callejón que se cierra hasta el próximo viaje. Y otra casi reina demasiado ebria como para darse cuenta de que las paredes que acaricia no le pertenecen...

Es casi patológico, cuanto más triste, vacía y cutre se abre Barcelona ante mis ojos, más ganas le tengo, como a esa vida de pseudo bohemia que anhelaba con diecisiete años. El frío punzante me ha dado en la cara. Barcelona es más bella cuanto más rodeado de mierda esté el que la mire.

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