Archive for julio 2011

8.7.11 § 0

Nunca he sabido cómo vivir. Mi vida es una trial version. Nunca estable, nunca aquí ni allá. Constantemente en la cuerda floja. Creo que nunca he sido yo. Nunca he tenido consciencia de mí misma más allá de un pequeño entramado de coincidencias y entradas de un blog anónimo intentado literaturalizarlas.

Soy la personificación de lo etéreo. Nunca he sido verdad, y no conozco a la mentira. Las personas no son más que la necesidad de materializar a los pronombres. Un algo para un tú. Pero yo tengo un él que no existe. Mi yo es altruista de las letras. Ellas no existen por mí. Yo existo desde ellas.

Antonella es una unidad gramática de discurso. Pero Yo soy un cuerpo hablante, más allá de una piel blanca y unos cuantos lunares. Existo en tanto que puedo literalizar las coincidencias. No existe más barrera que todo aquello que pueda servir de soporte a la palabra escrita. Allí donde no pueda hablar conmigo misma, dejaré de existir.



Yo soy Antonella. Yo soy una palabra que nunca he escogido. Soy un conjunto de coincidencias por estrenar. No tengo principios ni final. No soy en ningún sitio. Suelo separarme de la multitud por pensar antes de hablar, callar y nunca actuar. A veces escribo, leo, o fumo, y me entra un cosquilleo. Ese cosquilleo significa que estoy viva, y me expando. Aunque calle soy infinita. Infinitamente pequeña, insignificante e innecesaria. Pero infinita al fin y al cabo. Más allá de la piel, está todo aquello que nunca he dicho, y todo lo que siempre he pensado. Y a veces, sólo a veces, pienso en perseguir el cosquilleo. Pero vuelvo a tener miedo.

Miedo a Nada.

4.7.11 § 0

A veces sientes el peso de toda una vida de putadas varias. Todo ese peso en el pecho, asfixiándote, obligándote a vaciar todo lo que lleves en los bolsillos. Pero eso no es nada.

Todo el peso de una vida no es nada comparado con la nada.
Cuando no hay absolutamente nada que obstruya la salida de todo.

A veces sientes que el vació es suficiente barrera. A veces te mueres de ganas de sacarlo todo, y miras hacia a fuera, y no hay ni peso, ni barreras, ni vació. Lo único que te impide vivir es saber que has dejado que el miedo se instale dento de tí.

El miedo a tus propios vacíos, tus propias barreras, el peso de tu consciencia. Miedo hasta de tí misma. Miedo de no tener nunca dónde volcar todo. Miedo de no tener nada.
No dejes que el miedo domine tu vida,
porque entonces no tendrás vida,
sólo tendrás miedo.